Los metales preciosos arrancaron la sesión del martes tropezando fuerte en el mercado estadounidense. Un billete verde más firme y el repentino regreso de la volatilidad al mercado petrolero terminaron por opacar el respiro que estaban dando los rendimientos de los bonos del Tesoro, que andan rondando la zona del 4.5%. Para darnos una idea del trancazo, el oro al contado bajaba un 1.26% para cotizar cerca de los $4,512.50 dólares la onza, mientras que la plata se llevó la peor parte con un desplome del 2.55%, ubicándose en $76.085.
El verdadero dolor de cabeza para las expectativas de inflación y el mercado de materias primas sigue siendo el Estrecho de Ormuz. Si el lunes vimos una fuerte liquidación de petróleo porque el mercado compró la esperanza de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, la realidad geopolítica no tardó en cobrar factura. Los ataques estadounidenses contra objetivos iraníes en el sur de ese país le dieron en la torre a las pláticas de reapertura y al frágil alto el fuego. Como resultado, el crudo Brent rebotó por encima de los $95 por barril (tocando los $95.24), y el WTI se trepó de nuevo hacia los $91.77, borrando de un plumazo el optimismo del día anterior.
Para el oro, este escenario es un arma de doble filo. Por un lado, la pura incertidumbre en Ormuz le echa la mano a la demanda de refugio seguro; pero por el otro, cualquier empuje inflacionario derivado del petróleo mantiene altas las expectativas de las tasas de interés y fortalece al dólar, lo que le pega directo al metal dorado y lo mantiene atrapado en la parte baja de su rango reciente.
A nivel macro, Wall Street tiene bastante que digerir ahora que regresaron del puente por el Memorial Day. Los operadores tienen la mira puesta en el índice de precios de vivienda S&P/Case-Shiller de marzo y la confianza del consumidor de mayo, calentando motores para los datos de manufactura de la Fed de Richmond el miércoles, y el plato fuerte del jueves: ingresos, gastos personales y los esperados datos de inflación de abril.
Curiosamente, el panorama bursátil amaneció con un tono mixto. Los futuros en Estados Unidos apuntaban ligeramente al alza, dejando ver que los inversionistas todavía le apuestan a cierta probabilidad de un acuerdo marco con Irán a pesar de los recientes bombardeos. Del otro lado del charco, el DAX alemán y el CAC 40 francés andaban de capa caída, aunque el FTSE 100 británico aguantó el tipo. En Asia, el Nikkei 225 japonés se bajó de sus máximos históricos, mientras que el Kospi surcoreano aprovechó el regreso de sus vacaciones para brincar un 2.6%.
El apetito corporativo ignora la volatilidad
Pese a esta sacudida en los precios al contado, el lado corporativo de la minería cuenta una historia de mucha más tracción, dejando claro que hay un apetito enorme por levantar capital en Asia. PT Merdeka Gold Resources está cocinando su debut en el mercado de valores de Hong Kong, y lo va a hacer desempolvando una estructura de cotización que llevaba más de 12 años en el olvido.
La minera indonesia, que es filial de PT Merdeka Copper Gold (la cual ya había salido a bolsa en Yakarta allá por 2025), tiene en la mira esta segunda colocación para junio. La tirada es levantar por lo menos $500 millones de dólares mediante la venta de recibos de depósito de Hong Kong (HDR, por sus siglas en inglés). Es una movida interesante que confirma cómo la plaza financiera asiática sigue haciendo ruido y atrayendo pesos pesados más allá de sus fronteras, sin importar el ruido geopolítico de fondo.
Para los operadores que están pegados a las gráficas del mercado spot del oro, el panorama técnico está bastante claro. Los alcistas tienen como principal reto empujar las cotizaciones por encima de la zona de resistencia que va de los $4,523 a los $4,546. Si logran sostener ese movimiento, los siguientes objetivos están cantados en $4,573 y $4,581. Por el lado de los osos, la primera barrera a tirar es el soporte de los $4,503.20; un quiebre por debajo de ese nivel abriría la puerta a una caída más profunda hacia los $4,490 y, eventualmente, los $4,453.