La nueva era de los agentes de IA: Entre la automatización total y el fantasma financiero

Anthropic acaba de dar un paso gigantesco en el mundo de la tecnología. Su inteligencia artificial, Claude, ahora puede tomar el control de la computadora de una persona para completar tareas por sí sola. Esta movida busca posicionar a la empresa dentro de la feroz competencia por crear un agente de IA capaz de hacerle frente al fenómeno viral conocido como OpenClaw. Los usuarios ya pueden enviarle una instrucción a Claude directamente desde su celular y el sistema se encarga del resto.

Tras recibir la orden, Claude tiene la capacidad de abrir aplicaciones, navegar por internet y llenar hojas de cálculo. Durante una demostración en video publicada este lunes, la empresa mostró un escenario bastante cotidiano: un usuario que va tarde a una junta. Desde su teléfono, le pide a Claude que exporte una presentación a formato PDF y la adjunte a la invitación del calendario. Dicho y hecho, el video muestra al asistente ejecutando cada paso sin intervención humana.

La carrera por el control corporativo

Esta reciente actualización subraya el esfuerzo masivo de las compañías tecnológicas por desarrollar los llamados “agentes”, programas diseñados para operar de forma autónoma a cualquier hora del día. Toda esta capacidad de agencia acaparó los reflectores este año tras el explosivo lanzamiento de OpenClaw. Esta herramienta, que se enlaza con los modelos de OpenAI y Anthropic, funciona de manera local en los dispositivos para acceder a archivos y recibe órdenes a través de aplicaciones populares como WhatsApp o Telegram.

La semana pasada, el director general de Nvidia, Jensen Huang, le comentó a CNBC que OpenClaw es definitivamente el próximo ChatGPT. En esta misma línea, la empresa líder en chips anunció NemoClaw, una versión enfocada en el sector empresarial. Por su parte, OpenAI tampoco se quedó de brazos cruzados y el mes pasado contrató a Peter Steinberger, creador de OpenClaw, con la mira puesta en impulsar la siguiente generación de asistentes personales.

Precauciones frente a un territorio desconocido

Ahora bien, Anthropic sabe que están pisando terreno nuevo. La compañía advirtió que darle el control del equipo a la IA todavía está en pañales si lo comparamos con su solidez para programar o interactuar con texto. Claude comete errores. Las amenazas de seguridad evolucionan constantemente. Por ello, han integrado candados para minimizar los riesgos, asegurando que el asistente siempre solicitará permiso antes de acceder a una aplicación nueva. Para sacarle provecho a este entorno, se puede utilizar Dispatch, una función lanzada la semana pasada dentro de Claude Cowork que permite mantener una conversación continua con el agente, ya sea desde el celular o el escritorio, y seguir asignándole tareas.

El costo de la innovación y la sombra de la burbuja

Pero mientras la industria presume estos avances que rozan la ciencia ficción, el lado financiero cuenta una historia distinta. El auge desmedido de la inteligencia artificial está reviviendo señales de riesgo en los mercados. El miedo a quedarse fuera de la jugada domina las decisiones de inversión corporativa y, mires por donde mires, las burbujas parecen asomarse. Las empresas tecnológicas están en una carrera desenfrenada buscando la esquiva inteligencia artificial general, y según la firma de análisis Omdia, van camino a gastar cerca de 1.6 billones de dólares anuales en centros de datos para el 2030.

La magnitud de toda esta expectativa resulta desconcertante para los inversionistas más sensatos, sobre todo porque las ganancias reales de esta tecnología siguen siendo completamente hipotéticas. Nos recuerda demasiado al escenario previo a la Gran Depresión. En su reciente libro sobre la historia del colapso de Wall Street en 1929, el autor Andrew Ross Sorkin relata cómo el economista Roger Babson advirtió que llegaría una caída terrible debido a los inversionistas que se endeudaban para comprar acciones. Cuando el mercado sufrió una baja del 3 por ciento, conocida como el “Babson Break”, la gente simplemente lo ignoró. El optimismo por productos de consumo masivo como el automóvil y la radio hizo que los inversionistas con “imaginación” sintieran que volvían a ganar.

Hoy en día sobran las voces que, al igual que Babson, cuestionan las altísimas valoraciones de las empresas tecnológicas públicas y privadas. Advait Arun, analista de finanzas del Center for Public Enterprise, publicó hace poco un informe titulado Bubble or Nothing donde pone en duda los esquemas de financiamiento de los centros de datos. Él señala que todo el mundo está asumiendo a ciegas que estas tecnologías resolverán cualquier problema, y asegura que definitivamente seguimos atrapados en una etapa de exuberancia irracional.

Más allá de debatir si esta tecnología está sobrevalorada, la perspectiva se queda corta si no miramos el panorama completo. Si definimos una burbuja especulativa como un fenómeno donde el valor de un activo sube de manera insostenible sin un respaldo fundamental claro, entonces estamos rodeados de ellas. Simplemente parecen inflarse y desinflarse al mismo tiempo frente a nuestros ojos.